LA AVENTURA DE LO DIFERENTE

La práctica de la tolerancia activa se convierte con frecuencia en una aventura. Tratar de entender las creencias y opiniones diferentes de los demás, así como las normas o costumbres por las que se rigen sus comportamientos, tan alejados de los nuestros, supone adentrarse en un terreno desconocido y asumir algunos riesgos. Y en eso consiste precisamente la aventura, en ir o entrar en algo desconocido, que como tal, en cuanto es desconocido para mí y no sé qué me puede pasar, es arriesgado. Hay muchas clases de aventuras. Nosotros te proponemos una aventura social, con personas que no son como nosotros. Sería una aventura de lo diferente.

Lo contrario de la aventura es la seguridad. La seguridad es cómoda, no nos plantea pro­blemas. Actuar sobre seguro es saber siempre y en todo momento lo que nos puede pasar. Pero si sabemos siempre lo que nos puede pasar, nos aburrimos. Es lo que nos sucede en el Instituto, siempre hacemos lo mismo, dar clases, estudiar, hacer exámenes. La diversión aparece cuando hacemos algo distinto, una excursión o una clase en la que el profesor nos propone hacer cosas distintas de las de todos los días.

Antes hablábamos del aburrimiento de las clases, pero hay otros casos de aburrimiento to­davía peores. Hacer el mismo trabajo de siempre, la misma rutina de todos los días, hacer las labores de la casa (cocinar, fregar, limpiar, lavar…), etc. es todavía mucho más aburrido. Y lo que es peor, hacer siempre lo mismo resulta empobre­cedor, no aprendemos nada nuevo. La aventura, en cambio, nos enriquece; aprendemos algo nuevo. Y además nos divertimos. La per­sona que busca sólo seguridad, cada vez está más ce­rrada sobre sí misma, cada vez entiende menos a los demás, cada vez está más anquilosada. La persona que se abre a los demás quizás se encuentre con algún que otro chasco, pero será algo excepcional. Lo normal será tener una ex­periencia enriquecedora.

La forma más tradicional de la aventura es el viaje. Antiguamente, para ir a algo descono­cido había que viajar. Se puede viajar a muy diferentes lugares. Podemos viajar dentro de nues­tra propia ciudad, por ejemplo, a un barrio que no conozcamos. En las grandes ciudades hay muchas personas que no han salido de sus propios barrios, que no conocen las riquezas de su propia ciudad, que no conocen sus tesoros artísticos (edificios, museos, etc.), que no conocen la simbología de sus calles, ni de sus estatuas. También podemos viajar a otras ciudades o pueblos que no hayamos visitado nunca. Y ¿por qué no? Podemos ampliar nuestro radio de acción y conocer otros países, con lenguas y mentalidades diferentes.

En la actualidad, debido al gran avance de los medios de comunicación, podemos tener una aventura sin movernos de casa. Antes, esa comunicación se hacía casi exclusivamente a través de cartas. Hoy podemos hacerlo de manera más refinada, a través de los medios informáticos: correos electrónicos, servicios de mensajes, foros electrónicos, páginas web, etc.

Para tener una aventura hay que tener una actitud abierta a los demás. De nada sirve viajar, si no tratamos de comprender lo que vemos, si miramos a las cosas y a las personas desde la seguridad y la soberbia de quienes se creen culturalmente superiores. Así no en­tenderemos nada. Hay turistas que viajan a países muy diferentes del suyo, pero con la condi­ción de hacer lo mismo que en su país de origen: se alojan en hoteles semejantes, comen las mismas comidas y se divierten de la misma manera o peor. No se interesan por visitar las ciuda­des ni conocer sus monumentos.

Lo mismo podemos decir sobre el uso de los medios informáticos. Es frecuente acceder a un programa de mensajes o entrar en un chat para decir las mayores procacidades o los peores insultos, escondiéndose en el anonimato. Hacer eso no es tener ninguna aventura ni conocer lo diferente, sino todo lo contrario, quedarse encerrado entre las zonas más viles de uno mismo.

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ACTIVIDAD 10ª

“Invéntate una aventura”

Presentación

Para practicar la tolerancia activa puedes fabricarte una aventura. Esa aventura se puede realizar de dos maneras, bien poniéndote en comunicación con otras personas de cultura dife­rente, sin tener que desplazarte, bien realizando un viaje. Si optas por la primera posibilidad, ésta tiene que ser real, no vale imaginársela. Si optas por la segunda, el viaje forzosamente tiene que ser imaginario, pero con fundamento en la realidad.

Propuestas de trabajo

A) Primera opción: si piensas ponerte en comunicación con personas diferentes, puedes hacerlo de dos maneras, bien de forma física, presencial, bien a través del medio electrónico. En ambos casos tienes que preparar un guión supervisado por el profesor. El resultado escrito de la aplica­ción del guión constituye el contenido de esta actividad.

B) Segunda opción: si vas a programar un viaje, tienes que hacerlo de la forma más verosímil posible. No es un viaje turístico. Has de recabar la información concreta en agencias de viajes, ONGs, consulados, delegaciones del ayuntamiento, etc. Una vez obtenida la información, tienes que hacer un diseño concreto del viaje.