EL CONFLICTO ENTRE CULTURAS

¡Hola, espero que estéis bien!

He pensado que, durante estos días que tenemos que estar en casa, podríamos dedicar un ratito a pensar sobre las relaciones entre personas de diferentes culturas, religiones y lugares, qué nos une y qué nos separa.

En primer lugar debes leer el texto que aparece a continuación. Si no conoces o no entiendes alguna palabra, búscala en el diccionario.

Una vez que hayas comprendido lo que se dice en el texto, ponte a hacer las actividades. Son dos. Lee, primero, en qué consisten y una vez que sepas que tienes que hacer, ponte a ello.

¡Nos vemos en clase!

EL CONFLICTO ENTRE CULTURAS

Es un hecho constatable en las sociedades actuales más desarrolladas la coexistencia entre personas que proceden de muy distintas culturas, que tienen formas de pensar diferentes y que profesan diversas religiones. El fenómeno no es nuevo en la historia. Se puede decir que toda cultura novedosa y dinámica siempre ha surgido como resultado fructífero de otras culturas anteriores. Cuando una cultura se ha encerrado en sí misma y se ha dedicado a mantener su “pureza”, rechazando el contacto con las demás, ha terminado desapareciendo.

Aun no siendo nuevo, el fenómeno en nuestra época se ha acelerado. Antes, los contactos eran más limitados y el movimiento de personas menor. Ahora, el desarrollo de los medios de comunicación y la facilidad del transporte han dado una gran movilidad y dinamismo a nuestra sociedad. Nos podemos trasladar con gran facilidad de un lugar a otro. Podemos comunicarnos sin problemas hasta con el sitio más recóndito del mundo. Con frecuencia nos encontramos en nuestras calles personas de otras razas o culturas: chinos, japoneses, árabes, mauritanos, subsa­harianos, etc.; y no nos extrañamos.

Este fenómeno ha sido potenciado por la emigración. El desarrollo económico experimen­tado por las sociedades más avanzadas ha generado unas necesidades de mano de obra que no pueden ser cubiertas totalmente por la población autóctona. Si a ello se añade una mejora signi­ficativa del nivel de vida, es normal que estas sociedades acaben convirtiéndose en focos irre­sistibles de atracción para personas que viven en situación de paro y miseria en sus países, por muy alejados que estén. Ya sucedió con los EE.UU., cuya cultura es heredera de un pro­ceso intenso de inmigración en el siglo XIX. Y algo semejante está sucediendo en la Europa Occi­dental.

Por otra parte, las nuevas necesidades impuestas por la economía mundial están llevando a países culturalmente diferentes, pero cercanos en el espacio, a agruparse en grandes unidades económicas y políticas, con todo lo que ello supone de pluralidad de lenguas, religiones, modos de comportamiento y actitudes ante la vida. El intenso intercambio de productos está provo­cando el acercamiento económico y la necesidad de contar con una moneda única. En esto está siendo pionera Europa, pero hay otros lugares del planeta en los que el fenómeno está empe­zando a aparecer.

Sin embargo, este fenómeno no podría consolidarse si las sociedades afectadas no fueran democráticas. Sin democracia es imposible el pluralismo cultural. A lo más que se llegaría es a una integración forzada, por la que las personas llegadas de fuera se verían obligadas a aceptar la cultura del país receptor. Tenemos el ejemplo reciente de la Unión Soviética, cuya política autoritaria ha terminado disolviendo la unión de pueblos tan diferentes. O el todavía más re­ciente de la antigua Yugoslavia, en la que el fanatismo político de sus dirigentes ha generado una de las guerras más atroces. Por no hablar de las múltiples luchas tribales que se producen en muchos países africanos, que se hallan en un constante estado de guerra civil.

La coexistencia de culturas diferentes es fuente de conflictos morales, que sólo pueden re­solverse mediante el respeto y el diálogo, con una actitud de apertura, aceptando lo que otras culturas tienen de enriquecedor. De no ser así, caeríamos en el enfrentamiento, la crispación social y la violencia, que en el campo social generaría una situación de marginación, en el campo económico una situación de explotación y en el campo religioso una situación de fana­tismo. Los que no se adhirieran a la cultura dominante se verían privados de los beneficios so­ciales, estarían obligados a realizar los trabajos peor considerados y pagados y sufrirían perse­cución religiosa.

Esta actitud de apertura termina creando una nueva cultura, más rica, más compleja y más dinámica que la anteriormente existente, resultado de la síntesis armónica con las nuevas apor­taciones culturales recibidas. Nuevamente EE.UU. es el ejemplo, cuya cultura -“el modo de vida americano”- es una síntesis de las diversas culturas que allí se encontraron y que ha conse­guido extenderse e imponerse en la mayor parte del planeta.

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ACTIVIDAD 1ª

“La diversidad de culturas”

Presentación

Si nos fijamos en nuestro planeta, podemos distinguir tres grandes zonas culturales: la cris­tiano-europea, la musulmana afrooriental y las culturas del extremo oriente, China, India y Ja­pón fundamentalmente. Dentro y fuera de estas zonas culturales hay muchas más culturas, entre ellas las culturas supervivientes, o sea, culturas primitivas que todavía no han desaparecido y que están siendo acorraladas por culturas técnicamente superiores.

Propuesta de trabajo

Busca información sobre las tres grandes zonas culturales y responde a las siguientes cues­tiones:

  1. Dibuja o copia un mapamundi y colorea la superficie ocupada por cada una de esas zonas.
  2. Describe algunos de los rasgos que diferencian las grandes zonas culturales. Entre esos ras­gos debes incluir uno de tipo religioso, otro de tipo político y otro de tipo social.
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ACTIVIDAD 2ª

“Conflictos políticos de origen cultural”

Presentación

La convivencia entre diversas culturas no es fácil. Lo normal es que una cultura intente im­ponerse sobre la otra. Entonces surge el conflicto. Cuando adquiere grandes dimensiones, el conflicto se transforma en lucha política y termina en guerra. Entre los conflictos actuales po­demos destacar los enfrentamientos entre palestinos e israelíes, los casos de Bosnia y Kosovo, los países exsoviéticos del Cáucaso, los kurdos en Turquía, la guerra civil en Sudán o la guerra de Irak. También hay otros conflictos en los que intervienen, como perdedoras, las culturas pri­mitivas. El caso más signifi­cativo es el de los indios de la Amazonia, amenazados por los cam­pesinos o la industria made­rera. También, en Méjico, los in­dios de la selva Lacandona.

Propuesta de trabajo

Elige uno de esos conflictos, busca información sobre él (en la prensa, en Internet…) y contesta a las siguientes preguntas:

  1. ¿Cuáles son las causas que están en el origen del conflicto elegido?
  2. ¿De qué forma podría resolverse ese conflicto?
  3. ¿Cuál es la situación actual del conflicto? ¿Se están tomando medidas para resolverlo o más bien se está haciendo todo lo contrario?